Lleno de angustias miraba el celular de ella una y otra vez. Sabía que lo que hacía no estaba para nada correcto, sin embargo, ese mensaje que entró mientras ella estaba bañándose lo había dejado perplejo.
Todo comenzó con una confusión más de cuatro meses atrás, cuando una mañana de sábado él se despertó con el pie izquierdo, preparó café con el pesimismo del día que por obvias razones le resultó amargo y quemado. En silencio, se quedó mirando a Cristina que aun dormía, pero sentía que las cosas no iban a estar para nada bien entre los dos en lo que ella decidiera levantarse.
A la media hora Cristina se despertó y le sonrió a pesar de la cara que vio que estaba haciendo David. Él le ofreció el café que con poco amor había hecho, y sin embargo ella se adelantó a hablar.
- ¿qué te pasa David?
- nada
- Tienes cara de angustia, anoche todo estuvo bien, la fiesta quedó perfecta, fueron todos tus amigos, la gente del trabajo que aprecias... ¿qué te pasa?
- Cristina, en mi cabeza ya te terminé, pero sigo sin ser capaz de decírtelo, de sostenértelo mirándote a los ojos, eso es lo que pasa.
- Entiendo, pensé que tenía que ver con la fiesta, lamento haber llegado tarde...
- ¿Ya ves? Sólo piensas en lo inmediato... Yo estoy pensando en algo que traigo en la cabeza hace unos días.
- Bueno, pues es verdad. Esta relación no va para ningún lado y yo también lo venía pensando, pero sí, es mejor que dejemos así... Sé que debo empacar mis cosas, este es tu apartamento, así que la que sobra soy yo...
- Cristina, espera... ¿no quieres ni hablar qué pasa? ¿arreglar las cosas? ¿ni siquiera intentarlo?
- Creo que hay mucho que hablar, pero no soy de las que conversa, las decisiones están tomadas. Además David, si quieres que te diga lo que siento, puedo hacerlo, es muy sencillo. Se resume en que ya no siento nada, ya la química que teníamos cuando empezamos hace dos años, se ha venido desvaneciendo con cada cosa. Todos los días es un esfuerzo por verte, y duermo a tu lado sintiendo que somos nuestro propio enemigo.
- Pero bueno, eso de la química se arregla ¿no crees? Los dos hemos aportado a que nuestra vida se haga rutina...
- Sí, pero me cansé, yo ... la verdad yo... debo confesarte que estuve saliendo con alguien más...
- ¿qué?
- ... Ya no lo veo, sólo fueron unas pocas citas, no pasó a "mayores"
- ¿Cuándo fue eso?
Mientras Cristina le contaba detalles agrandados de la situación David empezaba a atar cabos, a unir momentos, discusiones, olvidos que ella había tenido de las cosas de la casa y de pareja; ató incluso cosas que no tenían nada que ver, empezó a asociar llamadas que nunca hubo, conversaciones largas de chat por el celular, que no pasaron. Pero todo lo sumó, cada uno de los detalles, con las fechas que ella daba sin ser precisas, los cálculos de las semanas le indicaban todo por lo que él había pasado y ella sin saberlo...
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julio 15, 2014
noviembre 28, 2012
Y QUISO TENER LAS ESPINAS
Él tenía muchas cosas para decirle, la relación no iba para nada bien y sólo él lo sentía, mientras ella seguía viviendo esas batallas del corazón en las que él quiere pero la mente no deja ir más allá, estaba feliz con su compañía y lo apreciaba en cada momento.
Pero llegó esa noche en la que ambos decidieron desnudar sus almas y sus pensamientos, ella de alguna manera pedía más dentro de los límites que él mismo había establecido, pero él en cambio exigía otras cosas que ella sabía que daba, pero él no lo veía así.
Lina habló por largo rato, él continuaba callado ante el monólogo, ella cada vez lo cuestionaba más por sus silencios, él siguió callado. Avanzó la noche y fue en ese momento en el que pasó un vendedor de flores, ambos sabían que ya todo estaba perdido pero Carlos le dice al vendedor deme por favor una flor, sólo una, quiero decirle algo a esta hermosa mujer con esa flor, Lina lo miró con una sonrisa expectante y curiosa ante el giro que parecía que iba a suceder, sin embargo intentó mostrarse indiferente ante esa dichosa flor que el otro compraba en el momento más álgido de la conversación tal vez no todo está tan perdido como creo... Pensó mientras que el señor de las flores, se retiraba con una amable sonrisa esperanzadora en su rostro.
Carlos por su parte continúa su acto, le entrega la flor, una rosa roja grande y hermosa, con sus hojas verdes brillantes, la sacó del empaque en el que venía, ella la olió, notó que no tenía espinas, claro como todas las rosas que se compran en la calle.
Te entrego esta rosa y con esto me despido, tal vez ni nos volvamos a ver.
Lina apretó la rosa tan fuerte queriendo destruirla en un sólo instante, tal como todo iba sucediendo con su vida y fue en ese momento en el que deseó que esta gran flor roja tuviera espinas, para que al doblarla con tanta fuerza éstas le ayudaran a hacerlo desaparecer de su mente para siempre.
septiembre 09, 2011
CUANDO NO NOS QUEDA MÁS...
No apta para personas que están
en medio de un despecho. Simple.
No deseo que se torturen con la canción.
Hace poco volví a escuchar esta canción, que por un tiempo quise dedicarla pues su letra resumía todo lo que en ese momento yo me preguntaba sin poder expresárselas a la persona en cuestión, ya tenía muy claro que él se había ido para no regresar a mi lado. Solo era tiempo para olvidarlo.
junio 16, 2011
LA TUSA ES PA' MACHOS - Juan Manuel Reyes*
Es difícil reconocerlo. La imagen social del macho al que no le duele nada está muy imbuida en la mentalidad colectiva de la población colombiana, y como tal es muy complicado, como hombre, reconociendo esta imagen social - que impone una especie de invencibilidad al hombre – salir uno de buenas a primeras, en público, a decir “me dejó mal esta vieja, hermano”.
Uno no lo va a reconocer al principio. La negación de la culpa intenta servir de máscara para la crisis interna del yo, se oculta detrás de la fuerza. Así como cuando a uno le salen con una patada criminal en un partido, y se levanta cojeando pero sigue en la cancha, porque “no me dolió, no es nada” hasta que llega a su casa a ponerse hielo. Así mismo, la novia lo deja a uno, o la pelada de la que uno está tragado se cuadra con otro, y uno sale con un “no importa… hay 3500 millones de viejas en el mundo. Imposible que ahí no esté la mía”. Y sí, ahí está la mujer de uno. Pero que no quiere nada con uno.
A cualquiera nos pasa, y el que diga que no, niega la paja (y la madre, de paso). La posibilidad de lidiar con ese proceso sicológico tan complejo que es el duelo por la pérdida de un ser querido, que en el caso de las relaciones lo llamamos “tusa”, se reprime y se reprime hasta que se hace inaguantable, y estalla de la peor manera. La borrachera, habitualmente, es la chispa para desencadenar este estallido de, como diría la oración, “los desterrados hijos de Eva, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”.
Un amigo que está en ese proceso me dio la muestra total, en el mes anterior. “Yo la amaba como un putas”, me dijo, al borde de las lágrimas. “Yo la amaba como un putas, y ella se fue a la mierda”. Se sirvió otro aguardiente, fondo blanco, y volvió a la carga: “todavía la amo como un putas, y usted no sabe, marica, no sabe cómo duele seguirla amando así, y que ella no me ame”.
No tuve el corazón para decirle que sabía lo que estaba pasando, aunque lo sabía. Todos sabemos cómo duele que haya una mujer que amemos como un putas y que no nos ame. Otra cosa es que salgamos a reconocerlo. Entonces, ocultamos nuestras lágrimas literalmente, en el castillo que es la habitación de uno. Y que suene la música: sea Layla de Eric Clapton, Laura no está de Nek, Sour Girl de los Stone Temple Pilots, Dime de Rubén Blades, o Fue de Soda Stereo, o la que sea. Hasta las publicidades nos ponen sensibles. Y uno dura tres meses sin oír Wonderwall de Oasis, porque nos recuerda a ella. Pero no, en público no, los machos no lloran y hay que mostrarse más y más duros, así nos duela más y más por dentro.
¿Por qué? De nuevo: los machos no lloran. Uno no llora, uno es y debe ser un verraco. Si uno llora, y muestra su despecho, los amigos lo pordebajean tratándolo de niña o de emo. Y por eso, uno esconde la tusa. Hasta que la pena, que flota en alcohol y sabe nadar, sale disparada como un corcho, y el tipo rudo al que no le duele nada resulta llorando como plañidera, porque en el bar de turno sonó Ella Mintió de Lavoe.
Por eso la tusa es pa’machos. Uno tiene que tener los pantalones muy, muy bien puestos para poder superar su duelo. Y para que, cuando toca lidiarlo, poder lidiarlo más allá de lo que digan los amigotes, porque el duelo y la pena reprimidos hacen daños. Uno sabe que, como canta Blades en Dime, tiene que arrancarse del alma el inmenso dolor de esa pena de amor, de esa pena de amor. Y ocultarlo resulta haciendo todo lo contrario, aunque uno lo hace por no mostrarse débil. Y mostrarse débil no lo hace a uno menos varón. Ese paso, reconocerlo, sirve muchísimo para aprender a negociar que sí, que uno puede mostrar ese duelo. Y llevarlo con más dignidad que caerse de la borrachera echando la madre por “esa hijueputa que tanto amé” en una barra.
Tal vez por eso, Rubén Blades puso Dime en el mismo disco de Pedro Navajas…
Uno no lo va a reconocer al principio. La negación de la culpa intenta servir de máscara para la crisis interna del yo, se oculta detrás de la fuerza. Así como cuando a uno le salen con una patada criminal en un partido, y se levanta cojeando pero sigue en la cancha, porque “no me dolió, no es nada” hasta que llega a su casa a ponerse hielo. Así mismo, la novia lo deja a uno, o la pelada de la que uno está tragado se cuadra con otro, y uno sale con un “no importa… hay 3500 millones de viejas en el mundo. Imposible que ahí no esté la mía”. Y sí, ahí está la mujer de uno. Pero que no quiere nada con uno.
A cualquiera nos pasa, y el que diga que no, niega la paja (y la madre, de paso). La posibilidad de lidiar con ese proceso sicológico tan complejo que es el duelo por la pérdida de un ser querido, que en el caso de las relaciones lo llamamos “tusa”, se reprime y se reprime hasta que se hace inaguantable, y estalla de la peor manera. La borrachera, habitualmente, es la chispa para desencadenar este estallido de, como diría la oración, “los desterrados hijos de Eva, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”.
Un amigo que está en ese proceso me dio la muestra total, en el mes anterior. “Yo la amaba como un putas”, me dijo, al borde de las lágrimas. “Yo la amaba como un putas, y ella se fue a la mierda”. Se sirvió otro aguardiente, fondo blanco, y volvió a la carga: “todavía la amo como un putas, y usted no sabe, marica, no sabe cómo duele seguirla amando así, y que ella no me ame”.
No tuve el corazón para decirle que sabía lo que estaba pasando, aunque lo sabía. Todos sabemos cómo duele que haya una mujer que amemos como un putas y que no nos ame. Otra cosa es que salgamos a reconocerlo. Entonces, ocultamos nuestras lágrimas literalmente, en el castillo que es la habitación de uno. Y que suene la música: sea Layla de Eric Clapton, Laura no está de Nek, Sour Girl de los Stone Temple Pilots, Dime de Rubén Blades, o Fue de Soda Stereo, o la que sea. Hasta las publicidades nos ponen sensibles. Y uno dura tres meses sin oír Wonderwall de Oasis, porque nos recuerda a ella. Pero no, en público no, los machos no lloran y hay que mostrarse más y más duros, así nos duela más y más por dentro.
¿Por qué? De nuevo: los machos no lloran. Uno no llora, uno es y debe ser un verraco. Si uno llora, y muestra su despecho, los amigos lo pordebajean tratándolo de niña o de emo. Y por eso, uno esconde la tusa. Hasta que la pena, que flota en alcohol y sabe nadar, sale disparada como un corcho, y el tipo rudo al que no le duele nada resulta llorando como plañidera, porque en el bar de turno sonó Ella Mintió de Lavoe.
Por eso la tusa es pa’machos. Uno tiene que tener los pantalones muy, muy bien puestos para poder superar su duelo. Y para que, cuando toca lidiarlo, poder lidiarlo más allá de lo que digan los amigotes, porque el duelo y la pena reprimidos hacen daños. Uno sabe que, como canta Blades en Dime, tiene que arrancarse del alma el inmenso dolor de esa pena de amor, de esa pena de amor. Y ocultarlo resulta haciendo todo lo contrario, aunque uno lo hace por no mostrarse débil. Y mostrarse débil no lo hace a uno menos varón. Ese paso, reconocerlo, sirve muchísimo para aprender a negociar que sí, que uno puede mostrar ese duelo. Y llevarlo con más dignidad que caerse de la borrachera echando la madre por “esa hijueputa que tanto amé” en una barra.
Tal vez por eso, Rubén Blades puso Dime en el mismo disco de Pedro Navajas…
* Juan Manuel Reyes conocido en el bajo
mundo como @Machecor
y lo pueden leer en su Blog.
abril 27, 2011
ESTADO CIVIL: TUSA
En estos días estaba en plan finca con sancocho incluido y pregunté que si el perro de nombre Fiera, también se comía las tusas o solo los huesos... A lo cual uno de los presentes dijo que no sabía qué era esa "tusa" de la que yo estaba hablando. Para quien aún no lo sabe es aquello que queda de la mazorca una vez es desgranada, eso es una tusa. Pero para algunas personas, dentro de la jerga popular significa una borrachera miedosa y para otras tantas, un despecho arrollador. Debo decir que simplemente trato de llamar las cosas por su nombre. Después de todo un despecho es un despecho, una borrachera es eso y una tusa, es lo que queda luego de que te comes una suculenta mazorca en cualquiera de las presentaciones disponibles en el mercado culinario.
Pero bueno, luego de esa pequeña discusión sobre la jerga colombiana (pues no sé si se usará en otros países esta expresión) terminamos todos hablando del tema que mas aqueja en un momento: La tusa cuando es sinónimo de despecho.
Situación de la que nadie está exento en esta vida llena de ires y venires, porque como toooodo lo bueno se acaba, se extingue o se transforma, irremediablemente llegamos al fin y ahí aparece la tusa.
Las mujeres tendemos a llorar, puede que no lo hagamos siempre y no todas, en lo personal lloré más cuando fui yo quien tomó la decisión de irse que cuando fue el otro (en otra relación que tuve luego) el que quiso irse primero ¿Porqué? Realmente no sé, sentí que aquello del karma se había cumplido y que de alguna manera se me tenía que devolver. Dolió, sí. Pero para mí esa es la muestra de que las mujeres no siempre somos las chilletas.
Cambiamos de look, tal vez ese pajazo mental de querer vernos más bonitas no solo para nosotras mismas, sino para el pendejo que se fue y por "si me lo encuentro me tiene que ver divina". Así también, queremos gritarle al mundo lo que sentimos y pensamos. Ahí es cuando algunas entran en una fase de locura rara, en que los ex quisieran no estar involucrados: Las llamadas en medio de la borrachera, el mensajito de texto diciendo que estamos mejor sin ellos (sea cierto no), el mail, la joda en fb. y el millón de estrategias posibles que podamos tener a nuestro alcance para hacerle saber al otro que ya estamos listas para estar "felizmente solteras codiciadas" o revisando la lista de admiradores para salir con ellos.
Otra forma, para mí muy catártica y necesaria, es escribirlo todo. Como una especie de cartas sin marcar, con destinatario asegurado a quien no le entregas lo que escribiste y si lo haces pues ya es a riesgo personal, pero en lo personal la mejor forma de salir de eso de adentro, ahí si no hay tequila que aguante... Aunque también es muy bueno cuando contamos con grupo de amigas solidarias, que nos llevan helado a la casa, se emborrachan con nosotras y nos decomisan los celulares, el computador y putean al ex de uno como si fuera propio. Esa parte cuando me toca con mis amigas es hasta divertida, me gusta aguantarle el desahogo a las personas, sino ¿para qué estudiamos?.
En fin, eso de ¿qué hacemos las mujeres y qué hacen los hombres cuando están en un despecho ni el hijuemadre? Seguramente no será fácil de responder nunca, pues siempre hay excepciones a las reglas y siempre hay una manera nueva de salir "medianamente ilesos" de la situación, aparte no olvidemos que existen las 5 etapas del duelo... Y mientras las vivimos, buscamos muchas estrategias funcionen, que mientras funcionen, se vale todo.
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