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diciembre 21, 2010

"GULEANDO" ANDO - Geraldine Giraldo*


Hace unos días recibí un correo de la dueña del actual blog, la señorita Maria Clara más conocida como Cute, donde nos contaba su idea fugaz de hacer un post sobre alguno de los 7 pecados capitales, me gustó mucho la idea, y desde ese momento acepte el reto de escribir, peor por más que le diera vueltas al asunto no lograba decidirme por ningún pecado capital, no surgían ideas, quería que fuera un post impactante, que quedara en el corazón de los lectores, pero me dí cuenta que era ridículo buscar un fenómenos para explicar algún pecado capital, ya que siempre en nuestro diario vivir cometemos dichos pecados, sin darnos cuenta, en lo más inocente de nuestro ser ellos están presentes, y así fue como decidí hablar sobre la gula.

***

(30 de Noviembre de 2010. A las 02:44 pm.)



Todo empezó esta mañana cuando llegué agitada a la oficina como ocurre a diario descargué el bolso, prendí el computador, descargué mi pesado cuerpo en la silla, me relajé, y una voz de la nada dice “Hoy no hay trabajo, estamos en remodelación, váyanse y no vuelvan hasta el jueves”.

Bueno, no había de otra, llegue a mi casa, y me relajé, llegó la hora del almuerzo y me dije a mi misma -Hace rato no como carne, que rico serían unas costillas BBQ o una punta de anca- Me dirigí a “Parrilla beef BBQ” un restaurante ubicado a unas cuadras del apartamento, me senté, pedí la carta! (con lo bueno que es pedir a la carta), y ahí estaba con su túnica, y su coronilla de romero ohhhh! iluminado, como si acabara de llegar del cielo -Solomo de carne a la BBQ- y ahí estaba la niña con avaricia [se los dije, esos ben(mal)ditos pecados están por todas partes, hasta en la historia de otro pecado ¬¬]. 

Traté de controlarme pero no fui capaz “niña me da un lomo de cerdo a la BBQ con papitas criollas y un jugo en leche de feijoa” y 20 minutos después empecé a devorar ese lomo de cerdo de una manera deliciosa, llevaba la mitad del pedazo de carne y me sentí llena, plena, pero estaba tan delicioso que seguí y seguí comiendo como si no me jactara, me faltaban 3 centímetros de carne y no fui capaz, me derrotó, pedí la cuenta y salí de nuevo para el apartamento.

De vuelta me sentí mal, sentí ese retorcijón de testarudez y empecé a sentirme mal, por no haberme controlado, por no haber sido capaz de parar, pedirlo para llevar y comerlo cuando tuviera más hambre, pero no solo por eso me sentí mal, me di cuenta que el ser humano no solo es “guloso” con la comida, también con los sentimientos, con las posesiones y demás cosas.

Y eso me entristeció, somos testarudos y no nos jactamos fácilmente, hasta que ya reventamos es cuando nos damos cuenta que fue más que suficiente.

Lo más impactante del asunto es que mientras escribía el post me detuve, porque me urgió ir al baño a devolver el lomo de cerdo, y descubrí que uno quisiera devolver tantas cosas con las que trata de jactarse y nunca lo logra, pero luego es tarde para eso.






*Geraldine Giraldo es tal vez la más jóven de los invitados
pecadores de este Blog.  La pueden leer en Twitter  como  

diciembre 18, 2010

COMPULSIVA - Carolina Agudelo*

Agua. Una pastilla. Otra para la cabeza. Café, un huevo. Dos huevos, tocineta, queso, finas hierbas, pimienta, sal, dos tostadas. Copa de frutas: melón, mandarina y fresas. Cereal. Té negro, leche, miel. Más té. Agua. Un cigarrillo, otro cigarrillo. Una chocolatina, dos paquetes de galletas lecheritas, un paquete de maíz-itos y diez choco break. Otro choco break, quiero nadar en una piscina de chocolate. Una bola de milo, otro té, galletas de chips de chocolate. Media libra de pasta en salsa carbonara y queso parmesano que la cubra. Ensalada con lechugas, palmitos y tomates. Agua, mielmesabe. Yogurt, una manzana, una pera, un chocoramo. Té, galletas saladas con mermelada de fresa y mantequilla de maní. Cigarrillo. Agua. Tabla con quesos: queso blanco, queso amarillo, queso azul, queso fundido. Jamón, jamón serrano, vino tinto, flan de caramelo. Más vino. Cerveza, carne de pavo en salsa de orellanas y mango. Agua. Más cerveza. Un paquete de doritos. Más cerveza. Un perro caliente. Agua. Whisky, más queso. Cigarrillo, otro cigarrillo, whisky, otro whisky, otro cigarrillo, se acabó el hielo. Whisky sin hielo, más whisky. Galletas redonditas saladas con atún y queso encima. Galletas solas. Pan con mantequilla, café cargado. Whisky. Agua, café, té y galletas saladas. Consomé de pollo, arepa. Agua, una pastilla para el dolor de cabeza, un redbull, café. Agua, té, un buñuelo. Galletas de cereales, jugo de mango. Arroz con leche. Pollo cordon bleu, ensalada, arroz, vino blanco, postre de tres leches. Agua. Cigarrillo, cerveza, otra cerveza. Un choco break, dos supercocos, galletas de queso, té. Chocolate, pan, bizcochos, quesillo. Cerveza, otra cerveza, una hamburguesa con papas a la francesa y gaseosa, un trago de aguardiente, otro trago. Otras dos cervezas. Otros tres tragos de aguardiente. Un redbull. Más cerveza, agua, cigarrillos. ¡Agua!


*Carolina Agudelo,  decidió sumarse 
a esta causa ... La pueden seguir en Twitter como @smartfemme

diciembre 15, 2010

TODOS COMIERON Y FUERON FELICES... - Camilo Andrés*


Joaquín había salido por las empedradas calles de su pueblo a embriagarse endemoniadamente. La jornada de trabajos en la casa de la señora Rita se habían puesto mucho más pesados desde el día que llegaron sus hijas Angélica del Carmen y Paula del Carmen de la gran ciudad a pasar las fiestas del pueblo en aquella casa que las había visto crecer y de donde salieron hacía dos años siendo unas vírgenes señoritas de pueblo decentes y de su casa.

Agustina era una empleada de la casa de los Salazar, familia de bien y a quien Agustina les servía desde que era una pequeña, pues su mamá fue la empleada de los viejos Salazar y al morir, como si fueran una herencia, pasaron a ser las empleadas del hijo Mayor, don Salazar y su familia compuesta por sus tres hijos Julian, Carlos y Franco. La madre de Agustina había muerto hacía un par de años atrás, y aunque eso ya era parte del pasado aún rondaba en el corazón de Agustina esos recuerdos de esa buena madre que tuvo.

Eran días de fiesta en el pueblo y cada uno de sus habitantes era común verlos haciendo prácticamente lo mismo año tras año en esta semana de alegría y devoción al emparrande. Agustina había quedado de verse con los muchachos, sus amigos de toda la vida entre los que estaba Joaquín, ellos habían empezado a tomar en el parque del pueblo desde el mismo momento en que el alcalde habia decretado abiertas las ferias del pueblo. Agustina se veía bien esa noche pero desde que llegó Joaquín no le quitó la mirada de encima, al parecer tanto tiempo de trabajo y encierros en la casa de la vieja Rita le habían hecho despertar por Agustina esos instintos que había guardado durante tantos años. Agustina moría de amor por ese inglés desparpajado que alguna vez recorrió el pueblo en su hermoso caballo y con quien había caído en el placer de la carne por primera vez hasta el día en que amaneció en aquella caballeriza, sola, sin el relinchar del hermoso corcel y con una nota en medio de sus dedos que decía "Siempre serás un hermoso recuerdo de lo candente que son estas tierras". Trago iba y trago venía, aquella tarde en la que amos, capataces y esclavos eran de la misma alcurnia, tenían el mismo valor y se podían sentar en las mismas tablas que por mesas el gobierno del pueblo colocaba para fiestar. 

Doña Rita no salía al pueblo en fiestas, lo había vuelto a hacer desde el día en que murió intempestivamente el señor Díaz, su esposo, manera extraña se había caído del balcón donde todas las mañanas se sentaba a leer su periódico, beber su café y gritar a Joaquín por que trabajara más fuerte con su ganado. Extraño motivo el que hiciera esto que el cartero Alexander, quien no tenia ni arte ni parte con esta familia, visitara de forma continua la casa de los Díaz, claro tal vez para saber el estado de la difunta quien en su juventud había tenido miles de amantes pero un solo amor, el señor Díaz. Las "misias", hijas de doña Rita siempre habían sido muy recatadas al ir hasta el pueblo en los días de ferias, no soportaban tanto borracho buscándolas para cualquier cosa, pero este año era diferente, eran más mujeres y en el pueblo se decía que habían perdido todo su pudor durante ese año que habían vivido en la capital. Paula del Carmen tenía claro que quería en ferias, buscar un esclavo que se la metiera tan rico como su novio capitalino, pues esos días de distancia con él iban a ser largos y ya lo estaba extrañando. Angelica del Carmen no andaba ennoviada con nadie, pero su plan era andar con todos y si existía la posibilidad con alguna que le diera el papayaso. 

La noche iba cayendo y más de uno moría de la borrachera por la calle, Joaquín se había desaparecido unas horas del grupo tal vez se había bebido alguna botella más en otra mesa pensaba Agustina. Lo cierto era que había sido carne de la carne que venía a buscar Angélica del Carmen. Fue muy fácil, dos miradas, un poco de piel pierna arriba por parte de ella para antojarlo  y a consumar en la caballeriza que quedaba a un par de cuadras tras la alcaldía del pueblo. Cuando Joaquín volvió Agustina ardía en esos calores del deseo y sus miradas de la llegada hacían un húmedo efecto que acaloraba su sexo, por supuesto al ver a Joaquín volver, no pudo contener más, soltó una sonrisa picaresca y cruzó las piernas para contener ese río de pasión que se estaba desbordando en su sexo. Era cuestión de minutos para que él se repusiera de la faena anterior y volviera al ruedo, pero esta vez con el lujurioso cuerpo de Agustina que ladraba por ser probado.

Los hermanos Salazar eran sujetos extraños, en el pueblo se les conocía por ello y luego de muchos tragos en el tablado de feria lo eran aún más. Sus gustos tenían aberraciones y ellos habían sido la solución perfectamente carnal para Paula del Carmen quien a falta de uno se fue con los tres al viejo zaguán, sacaron sus ropas y cada uno terminó lo que había ido a buscar con Paula del Carmen.

Y así, al caer la noche, en ese instante en que es más oscura, a solo unos segundos del amanecer, las calles se volvían a llenar para que cada uno de los habitantes de este pueblo lujurioso volviera a su posición, a su casa y su cama real. Esa noche no hubo quien se quedara sin probar pecado, todos comieron y fueron felices...



*Camilo Andrés más conocido como @n0ta_mental tiene un Blog que ha arrancado más 
de una lágrima!  (estoy segura)

diciembre 12, 2010

EL PLAN TURKEY DE CRISTINA ISABEL -Erika Paola Brú Vélez*

Encerrada en su habitación, color rosa hasta el techo, Cristina revisa un cajón debajo de su cama.
A simple vista, cualquiera creería que se trata del famoso “baúl de los recuerdos”, pero no. Desesperada, separa paquetes, mira fechas de vencimiento, cuenta cada cosa. Es un baúl lleno de comida: enlatados, mekatos, dulces por montones, chocolates y otra cantidad de comestibles.

Toma tres barras de chocolate, se sienta en su cama y empieza a comer. No le importa que haya terminado de almorzar y que esté llena hasta la coronilla. Para Cristina el único objetivo que hay es: engordar a como dé lugar.

***

Cristina Isabel Saavedra López, mejor conocida en su familia y por todos sus amigos como “La Flaca”, es una chica de 21 años de edad, de contextura delgada (bastante, la verdad), que toda la vida ha vivido acomplejada por ser la “desnutrida” de la familia. Su extrema delgadez, la ha llevado a sentirse una mujer fea y sin gracia, ha hecho de ella una persona insegura, negativa, amargada y hasta cierto punto resentida con la sociedad que la ha condenado a ser blanco de cuanto chiste flojo se ingenien refiriéndose a las personas delgadas.

-        Estoy harta de esta flacura. No me puedo comprar una ropa decente, ni ponerme a la moda, porque nada me luce, no hay carne con que rellenar. – llora, mientras habla con Margarita, su mejor amiga de la universidad, quien al contrario de Cristina, es una niña que despierta muchas pasiones en los chicos por sus exóticas curvas y cuerpo voluminoso.

-        Calma amiga, tranquila, tú eres una niña muy divina, mira esa cara preciosa que tienes. Lo de la flacura, ya lo solucionaremos, por lo pronto tienes que comer mucho, todo lo que puedas y semanalmente vamos midiendo resultados a ver cuánto has aumentado en masa corporal y peso. – Dice, Margarita, tratando de animar a su amiga.

-        Gracias amiga, empezaré a seguir tus consejos, porque a final de año necesito estar más gordita y comprarme por fin la ropa que quiero, que pueda lucirla sin atormentarme. Limpia sus lágrimas, se despide de Margarita y se dirige a su casa.

Cuando llega, se acerca adonde su madre que está en la cocina sirviendo la cena.

-        Flaca, ¿vas a comer ya?
-        Sí mamá, y sírveme mucho mucho mucho, que vengo con un filo.
-        ¡Uy! Eso sí que es un milagro. Ya te sirvo.

Esa noche comió hasta más no poder, incluso, se comprometió a lavar los platos de la cena, y acumuló en un plato las sobras de los demás familiares para después comérselas.

Trastornada con la idea de engordar para navidad, se ideó el “Plan Turkey”.

-        Marga, ya empezó en funcionamiento el Plan Turkey.
-        ¿Plan Turkey? Y eso qué contiene, no entiendo, explícame.
-        Ay boba, así como la gente compra pavos pa’ engordarlos y comérselos en Navidad, yo procuraré engordarme a mí misma, pero pa’ lucir mejor en Navidad.

Margarita suelta la carcajada instantánea.

-        De verdad estás loca amiga, pero ajá, en qué consiste ese dichoso Plan Turkey.
-        Pues, nada, simplemente me dedicaré a comer lo más que pueda, comida que engorde, así tenga o no tenga hambre. Tomé el baúl donde guardaba mis muñecas de infancia, lo vacié y en lugar de juguetes ahora tiene comida de todo, y allí iré guardando lo que llamaré “municiones” para comer todo lo que pueda.
-        Ay amiga, me da miedo que te enfermes por comer tanto, creo que mejor deberías ir donde el nutricionista a ver qué te recomienda.
-        No seas boba, al nutricionista que vayan las que quieren adelgazar, pa’ engordar es cuestión de comer y comer mucho, y eso es lo que haré.

Así que Cristina puso en marcha su descabellado plan. Comía a toda hora, en cada lugar, cantidades ilimitadas de comida. Se hizo la mejor amiga de las pizzas, las hamburguesas, el pollo frito, los embutidos, entre más grasa le veía a la comida, más apetitosa se volvía para ella. En su casa, no le bastaba con su plato de comida, sino que siempre estaba pendiente a lo que dejaban los demás para comérselo.

Había noches en que no podía dormir porque la llenura era tal, que no podía mantenerse acostada, así que se pasaba sentada escribiendo o leyendo artículos en Internet con famosas recetas para aumentar de peso, o viendo modelos famosas por sus cuerpos voluptuosos, la ropa con la que ella se imaginaba en Navidad, luciéndola libre de complejos.

-        Cuando esté más gordita ya no podrán decirme “María Palito”, ni me dirán más “Flaca”, ni nadie se reirá de mi porque los pantalones me quedan volando o porque mis piernas parecen spaghettis. Ya no seré esa mujer cadavérica que mucho tiempo he sido, ahora sí los hombres me mirarán con deseo, como a Marga, si, como a ella que todos la miran y admiran, que la invitan a salir muchos chicos y se da el lujo de decir que no. A mí ni siquiera me devuelven una mirada.

Y así pasaba noches filosofando sobre lo que sería su vida cuando aumentara de peso. En las mañanas, se pesaba y se tomaba las medidas, e iba anotando en una agenda que destinó exclusivamente para el “Plan Turkey” y comparaba diariamente.

Después de 2 semanas de intensa ejecución de su plan, notaba que el cambio no era mucho y esto la empezó a angustiar. Decidió que debía concentrarse más en su rutina, y casi que apartada del mundo, no hacía otra cosa que comer y comer, a toda hora, comía de todo, potes inmensos de helado inundaron la nevera, su habitación parecía un basurero de tantos paquetes vacíos. Se llenaba pero eso no le importaba, sentía que su estómago explotaría pero no hacía caso, engordar era el objetivo y ella lo quería lograr a como diera lugar.

Cristina se aisló en su habitación, que incluso se negó a recibir visitas de amigos, ni siquiera Margarita, su mejor amiga, que preocupada por su salud, la llamaba insistentemente, y ante la negativa de “la flaca” por recibirla, le contó a los padres de ésta las intenciones de su hija, pero ellos en lugar de preocuparse, manifestaron satisfacción pues sería bueno que su hija aumentara de peso y que mejor, que por iniciativa propia.

Llegó Navidad, y Cristina esclava de la comida y del peso, notó que a duras penas había aumentado 2 kilos.

-        ¡No puede ser! Tanto sacrificio para nada. Sigo siendo la misma flaca escuálida de siempre. Nuevamente, tendré que conformarme con usar algún vestido que medio me quede bien.

El día de Nochebuena, la familia reunida celebrando, Cristina miraba fijamente, como su hermana lucía un pantalón ajustado, con una blusa de gran escote, que le permitía resaltar su figura y volúmenes.

-        ¿Por qué no pude yo sacar el mismo cuerpo de Laura? Ella es tan perfecta y yo tan…tan…

No soportó más y sin que nadie lo notara, se paró de la reunión y corrió a su cuarto a llorar.

A la mañana siguiente, preocupada y al ver que Cristina no había bajado por comida para su desayuno, su madre subió a su habitación y al entrar notó a “la flaca”, tendida en su cama, pálida y una nota al lado que decía:

Lamentablemente, en este mundo no puedo ser la mujer perfecta que quiero. Me aburrí de ser la casi transparente, la que nadie mira, la que nadie desea. Porque si algún día alguien dijo que “por un beso de la flaca daría lo que fuera”, por mí nadie lo haría “ni aunque solo uno fuera”.

Me voy de este mundo para poder volver a nacer y ojalá reencarne en un cuerpo que sí me guste, y por fin pueda ser la mujer perfecta que nunca pude en esta vida.

Nos vemos en la otra vida.

Att.: La flaca que nunca quiso ser flaca.

Poseída por el dolor, de la hija que parte por una causa tan banal, la madre se arrodilla ante el cuerpo y entre lágrimas y sollozos tararea:

“Flaca,  no me claves tus puñales por la espalda tan profundo no me duelen, no me hacen mal”.




* A Erika Paola la pueden leer  en su Blog y su Twitter!  


 
 
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