diciembre 12, 2010

EL PLAN TURKEY DE CRISTINA ISABEL -Erika Paola Brú Vélez*

Encerrada en su habitación, color rosa hasta el techo, Cristina revisa un cajón debajo de su cama.
A simple vista, cualquiera creería que se trata del famoso “baúl de los recuerdos”, pero no. Desesperada, separa paquetes, mira fechas de vencimiento, cuenta cada cosa. Es un baúl lleno de comida: enlatados, mekatos, dulces por montones, chocolates y otra cantidad de comestibles.

Toma tres barras de chocolate, se sienta en su cama y empieza a comer. No le importa que haya terminado de almorzar y que esté llena hasta la coronilla. Para Cristina el único objetivo que hay es: engordar a como dé lugar.

***

Cristina Isabel Saavedra López, mejor conocida en su familia y por todos sus amigos como “La Flaca”, es una chica de 21 años de edad, de contextura delgada (bastante, la verdad), que toda la vida ha vivido acomplejada por ser la “desnutrida” de la familia. Su extrema delgadez, la ha llevado a sentirse una mujer fea y sin gracia, ha hecho de ella una persona insegura, negativa, amargada y hasta cierto punto resentida con la sociedad que la ha condenado a ser blanco de cuanto chiste flojo se ingenien refiriéndose a las personas delgadas.

-        Estoy harta de esta flacura. No me puedo comprar una ropa decente, ni ponerme a la moda, porque nada me luce, no hay carne con que rellenar. – llora, mientras habla con Margarita, su mejor amiga de la universidad, quien al contrario de Cristina, es una niña que despierta muchas pasiones en los chicos por sus exóticas curvas y cuerpo voluminoso.

-        Calma amiga, tranquila, tú eres una niña muy divina, mira esa cara preciosa que tienes. Lo de la flacura, ya lo solucionaremos, por lo pronto tienes que comer mucho, todo lo que puedas y semanalmente vamos midiendo resultados a ver cuánto has aumentado en masa corporal y peso. – Dice, Margarita, tratando de animar a su amiga.

-        Gracias amiga, empezaré a seguir tus consejos, porque a final de año necesito estar más gordita y comprarme por fin la ropa que quiero, que pueda lucirla sin atormentarme. Limpia sus lágrimas, se despide de Margarita y se dirige a su casa.

Cuando llega, se acerca adonde su madre que está en la cocina sirviendo la cena.

-        Flaca, ¿vas a comer ya?
-        Sí mamá, y sírveme mucho mucho mucho, que vengo con un filo.
-        ¡Uy! Eso sí que es un milagro. Ya te sirvo.

Esa noche comió hasta más no poder, incluso, se comprometió a lavar los platos de la cena, y acumuló en un plato las sobras de los demás familiares para después comérselas.

Trastornada con la idea de engordar para navidad, se ideó el “Plan Turkey”.

-        Marga, ya empezó en funcionamiento el Plan Turkey.
-        ¿Plan Turkey? Y eso qué contiene, no entiendo, explícame.
-        Ay boba, así como la gente compra pavos pa’ engordarlos y comérselos en Navidad, yo procuraré engordarme a mí misma, pero pa’ lucir mejor en Navidad.

Margarita suelta la carcajada instantánea.

-        De verdad estás loca amiga, pero ajá, en qué consiste ese dichoso Plan Turkey.
-        Pues, nada, simplemente me dedicaré a comer lo más que pueda, comida que engorde, así tenga o no tenga hambre. Tomé el baúl donde guardaba mis muñecas de infancia, lo vacié y en lugar de juguetes ahora tiene comida de todo, y allí iré guardando lo que llamaré “municiones” para comer todo lo que pueda.
-        Ay amiga, me da miedo que te enfermes por comer tanto, creo que mejor deberías ir donde el nutricionista a ver qué te recomienda.
-        No seas boba, al nutricionista que vayan las que quieren adelgazar, pa’ engordar es cuestión de comer y comer mucho, y eso es lo que haré.

Así que Cristina puso en marcha su descabellado plan. Comía a toda hora, en cada lugar, cantidades ilimitadas de comida. Se hizo la mejor amiga de las pizzas, las hamburguesas, el pollo frito, los embutidos, entre más grasa le veía a la comida, más apetitosa se volvía para ella. En su casa, no le bastaba con su plato de comida, sino que siempre estaba pendiente a lo que dejaban los demás para comérselo.

Había noches en que no podía dormir porque la llenura era tal, que no podía mantenerse acostada, así que se pasaba sentada escribiendo o leyendo artículos en Internet con famosas recetas para aumentar de peso, o viendo modelos famosas por sus cuerpos voluptuosos, la ropa con la que ella se imaginaba en Navidad, luciéndola libre de complejos.

-        Cuando esté más gordita ya no podrán decirme “María Palito”, ni me dirán más “Flaca”, ni nadie se reirá de mi porque los pantalones me quedan volando o porque mis piernas parecen spaghettis. Ya no seré esa mujer cadavérica que mucho tiempo he sido, ahora sí los hombres me mirarán con deseo, como a Marga, si, como a ella que todos la miran y admiran, que la invitan a salir muchos chicos y se da el lujo de decir que no. A mí ni siquiera me devuelven una mirada.

Y así pasaba noches filosofando sobre lo que sería su vida cuando aumentara de peso. En las mañanas, se pesaba y se tomaba las medidas, e iba anotando en una agenda que destinó exclusivamente para el “Plan Turkey” y comparaba diariamente.

Después de 2 semanas de intensa ejecución de su plan, notaba que el cambio no era mucho y esto la empezó a angustiar. Decidió que debía concentrarse más en su rutina, y casi que apartada del mundo, no hacía otra cosa que comer y comer, a toda hora, comía de todo, potes inmensos de helado inundaron la nevera, su habitación parecía un basurero de tantos paquetes vacíos. Se llenaba pero eso no le importaba, sentía que su estómago explotaría pero no hacía caso, engordar era el objetivo y ella lo quería lograr a como diera lugar.

Cristina se aisló en su habitación, que incluso se negó a recibir visitas de amigos, ni siquiera Margarita, su mejor amiga, que preocupada por su salud, la llamaba insistentemente, y ante la negativa de “la flaca” por recibirla, le contó a los padres de ésta las intenciones de su hija, pero ellos en lugar de preocuparse, manifestaron satisfacción pues sería bueno que su hija aumentara de peso y que mejor, que por iniciativa propia.

Llegó Navidad, y Cristina esclava de la comida y del peso, notó que a duras penas había aumentado 2 kilos.

-        ¡No puede ser! Tanto sacrificio para nada. Sigo siendo la misma flaca escuálida de siempre. Nuevamente, tendré que conformarme con usar algún vestido que medio me quede bien.

El día de Nochebuena, la familia reunida celebrando, Cristina miraba fijamente, como su hermana lucía un pantalón ajustado, con una blusa de gran escote, que le permitía resaltar su figura y volúmenes.

-        ¿Por qué no pude yo sacar el mismo cuerpo de Laura? Ella es tan perfecta y yo tan…tan…

No soportó más y sin que nadie lo notara, se paró de la reunión y corrió a su cuarto a llorar.

A la mañana siguiente, preocupada y al ver que Cristina no había bajado por comida para su desayuno, su madre subió a su habitación y al entrar notó a “la flaca”, tendida en su cama, pálida y una nota al lado que decía:

Lamentablemente, en este mundo no puedo ser la mujer perfecta que quiero. Me aburrí de ser la casi transparente, la que nadie mira, la que nadie desea. Porque si algún día alguien dijo que “por un beso de la flaca daría lo que fuera”, por mí nadie lo haría “ni aunque solo uno fuera”.

Me voy de este mundo para poder volver a nacer y ojalá reencarne en un cuerpo que sí me guste, y por fin pueda ser la mujer perfecta que nunca pude en esta vida.

Nos vemos en la otra vida.

Att.: La flaca que nunca quiso ser flaca.

Poseída por el dolor, de la hija que parte por una causa tan banal, la madre se arrodilla ante el cuerpo y entre lágrimas y sollozos tararea:

“Flaca,  no me claves tus puñales por la espalda tan profundo no me duelen, no me hacen mal”.




* A Erika Paola la pueden leer  en su Blog y su Twitter!  


diciembre 10, 2010

EL PRINCIPIO DEL FIN - Everly Cortés*

“La soberbia y el egoísmo, son los padres de la soledad”.  Francisco Rubio Bermejo



En un principio todo era oscuridad, pero se vio una luz que cada vez crecía mas, cuando se alcanzó a ver decía EGO (y no era el shampoo para la caspa y caída de cabello para hombres), y cada vez crecía mas y mas que no cabía en el espacio donde estaba, así que se decidió irse para otro espacio a conquistarlo.
Cuando llego se encontró con algunos nombres que le sonaban pero no sabía de dónde, Álvaro, Evo, Hugo, Rafael, Daniel; pero como no quería que nadie fuera más que él, simplemente los destruyo (si eso mismo) de la forma más fácil: les regalo un pedacito de humildad, su arma letal, la que tiene guardada en un baúl que solo saca cuando siente alguna amenaza; pero eso solo le duro un par de horas, tiempo suficiente para mandarlos a otro espacio.

Y empezó a poner huevos (no los de Álvaro) otros huevitos que trajo del espacio de donde venia, sobre todo porque con su orgullo trataba de ser el primero en hacer las cosas, así que se volvió hasta científico; después de 8 años gobernando donde ya se había cansado de pasar por encima de todo el mundo (claro este mundo también estaba lleno de  entusiasmo, locura,  generosidad, amor, solidaridad); se le sembró una duda, sabía que no iba a durar toda la vida, así que necesitaba que alguien de su confianza gobernara cuando el faltara, así  decidió sacar a sus huevitos (para dar constancia  de que siempre los mismo con las mismas gobernado).

Cada uno fue abriendo el cascaron, salió la codicia (y por supuesto este quería tener todo lo de su creador, y no sabía cómo hacer), luego salió la envidia, que hizo una coalición disque para el bien del espacio; se sintió un estruendo, cuando voltearon a ver era la ira, y esta quería destrozar todo a su alrededor, tanto que alcanzo a mover el huevito de la pereza que ese ni se movía (lo único que hizo fue quedarse allí quieto); de repente la gula ya se había comido el cascaron de él e iba por el de la pereza, cuando salió la lujuria se puso a pelear con la gula porque este se quería acostar con la pereza.

Cuando vieron se había armado un carrusel que decía INFIERNO, que lo había creado un tal Samuel que tenia patines….. y de un momento a otro no se escucho nada.


"La soberbia endurece los corazones, el amor lo hace blando,
pero no el amor propio, sino el amor a los demás" E.C
.


* Everly es una caleña más conocida como @everlyco 
y pueden leer más de ella en su Blog

diciembre 07, 2010

DESFIGURACIONES - Naty Marenco*


La vanidad es el comienzo de todos los pecados..

Salió y era de noche. No contaba con que el tiempo pasara tan rápido en la biblioteca. Debía apurarse, porque todo estaba muy solo ese sábado y tenía el compromiso del cumpleaños de su mejor amiga. 

Iba caminando abrazada a sus libros. Sentía temor. De repente notó que alguien la seguía. No quiso mirar atrás por miedo a comprobar su presentimiento. Aceleró el paso, pero su compañero de viaje aceleraba también. Quería llorar, pero no podía distraerse. De repente sintió que alguien la agarró por un brazo y la jaló al callejón.

Despertó y estaba amarrada de pies a cabeza. Veía borroso. Todo su entorno estaba sucio. No entendía nada. Un encapuchado se le acercó, y cuchillo en mano le susurró al oído Eres tan hermosa. Ya quisiera ser como tu...

Era un hombre. Se asustó más. Intentó pelear con las cuerdas que le amarraban las manos y las piernas. Con el trapo que le tapaba la boca.

- Podría hacer esto de la forma dolorosa o de la forma menos horrible. ¿Qué  prefieres hermosa?

Movió la cabeza indicando que no...

- Seré condescendiente contigo.

Le puso un trapo en la boca, y ahí perdió la conciencia.

Volvió a despertar y pudo identificar un hospital. Se llevó las manos a la cara y notó que estaba vendada.

- Doctor!! Despertó!!!
- Mi vida, menos mal estas bien

Intentó hablar y no pudo. Notó que su novio y su mejor amiga estaban al lado de su cama. Una lágrima escurrió por sus ojos. No sabía qué era, pero comprendió que algo grave había pasado

- Paola, lamentablemente quien te hizo esto te desfiguró la cara y no puedes hablar por las lesiones en tu lengua. ¿Sabes quién pudo hacerte esto?

Indicó con la cabeza que no.

Al lado de su cuerpo encontraron una nota que decía: 

"¡Cuantos desfiguros causa la vanidad!"

Días más tarde, titulares de noticias informaban: Se suicida joven víctima de agresión.

***

Queridos todos

Verme al espejo así todos los días no me permite seguir. Por eso prefiero dejar este mundo, antes de seguir afrontándolo como viene. Llámenlo cobardía. Pero no puedo. Perdón

Pao

***

Y mientras oía a la locutora leer la nota de suicidio sonreía. Al final había logrado su cometido: Cuando todo es vanidad, nada más vale.

"Si tan solo hubieras dejado de lado la soberbia, Paola", pensó.





*A Naty  Marenco la pueden leer en su  Blog  y seguir en Twitter como  @state_0f_mind
(es una de las estrellitas bloggeras invitadas) 

diciembre 05, 2010

SIEMPRE ENVIDIÉ - Juan David Escobar*

A los carniceros, porque contaban más plata que mi padre, que era un simple legumbrero. Yo veía a sus hijos más gordos, más cachetones, y con mejor ración que la mía. Hijos de puta, siempre los llamé.

Claro, pura envidia le tuve al gordito, que era hijo del panadero, que en la escuelita poseía ese morral de cuero que tenía las letras ABC en relieve y a color. ¡Maldito! Creo que lo envidié tanto, que un día después que tocaron el timbre del recreo y que nos habíamos quedado jugando  a un más gol a riesgo del castigo, el gordo se reventó la rodilla en un escalón del patio mientras  corríamos de regreso al salón. 

Creo que fui yo el de la mala energía: lo envidiaba por rico, y porque alcanzaba el mesón de la tienda que a mí me superaba por muchos centímetros. ¡Perro!

Envidié a los niños blancos, y con cara bonita, y con familia con plata y de buen apellido. Ellos se quedaban en las chuchas “americanas” y “chinas” y en los juegos de pico de botella con las niñas más lindas, que con tiempo fueron reinas de todas las frutas y tradiciones de mi pueblo. ¡Pirobos! menos mal salieron maricas casi todos!

Cuando chico, todo es cuando chico, la envidia cuando adultos es más mala, ya verán. Cuando chico siempre envidié la zurda de los amigos calidositos (ya sean en las bolas, en el fútbol, en las peleas).  Envidié babeado el buen pulso, la buena puntería, de los más gamines del combo, que eran capaz de hacerle rotos a los panales, descalabrar enemigos, bajarse de un tiro la gajera de mangos. Yo solo tenía una diestra que hacía las cosas simplemente bien.  

Es obvio que envidié a todos los que ya no eran cachuchos, a los que a punta de paja habían sido capaz de dejar de ser vírgenes, y luego, en las orinadas, podían decir que se había comido hasta la mamá. ¡Malditos! Seguro todo mi odio les ha beneficiado a tener una vida de mierda. Eso espero y ruego!

No saben cuánto envidié a los que salían al frente del salón y podían exponer sus ideas clara y divertidamente. Yo siempre fui capaz de perder la nota con tal de no pararme allá y hablar pasito (entre los dientes) y ponerme la cara roja o pálida como una hoja.

Siempre miré con envidia de la mala a los que se ganaban todo. Hasta las rifas hechas en hojas de cuaderno, jugando por la Lotería de Medellín y daba un premio de 1 pollo asado y con Cocacola, se ganaban esos pendejos y pendejas. Y yo? Ni mierda, no me he ganado ni una bala perdida.

Y en silencio tuve envidia de los que tenían hermanos mayores a quién imitar y de quién recibir consejos e influencias. Yo desgraciadamente fui el primero de mi familia, el primer primo de todos, al que todos no imitaron ni escucharon ni se influenciaron. Qué desgracia la de mi familia conmigo a la cabeza.

Y por supuesto, envidié mucho, muchísimo, a los amigos que tenían el “verbo” para conquistar las chicas que quisieran. Soy de la especie: “guevas” que piensan que todos los temas son tontos, que las chicas sienten asco por mí, y que me da pena mirar a los ojos, y que lo mejor está por dentro, y esas bobadas. Otro como yo no nace.

Puedo decirles, antes de pasar a las envidias adultas, grandes, mayores, como para hacer una transición entre la niñez, la adolescencia (bendita época donde uno envidia de todo) y la mayoría de edad, que envidié con todo el amor a los que tenían las orejas grandes y salidas, a los que median más de 1 con 80, a los que no tenían caratejos en ningún parte del cuerpo, a los que tenían un pene grande (o eso cañaban), o bueno, a los que tenían los pectorales normales, y los que no tienen un huesito en el hombro que les impida cargar cosas sin que duela, y obvio, envidié a los de ojos azules y bocas finas, y a los que tienen el cabello normal y no esta enredadera de pelos que de un lado es así y del otro es asá. Los envidié sin odio, para no hacerme daño, para que mis defectos no se resintieran.

Y así, lográndome soportar con todas estas envidias, y he llegado no sé cuándo y no sé cómo a ser grande y tener unas envidias diferentes.  

Pues, por ejemplo, ando envidiando a cuanta pareja se besuquea  en la calle y se dicen: “Te amo miamor”, o cualquier cursilería de esa que el amor genera por montones, y envidio a los que corren de la mano porque sí y porque no en un día de lluvia, y envidio serenamente a los amigos que hablan con pasión entendiéndose hasta los silencios mientras se toman un tinto. Envidio un tantico no más a los que bailan y ponen a bailar, y mucho mucho a los que son buenos para cantar, tan buenos que lo ponen a cantar a uno. Y requeté envidio al que es capaz de callar por horas, y así lo insulten, no está como yo alzando la mano y opinando hasta en lo que no le incumbe. Envidio la buena presencia del resto del mundo, a los que se les sientan al lado en el bus y hasta les conversan, porque a mi silla siempre es la ultima que alguien elige por ocupar.  Envidio a todo el que está feliz, con buena energía, llenos de ganas de hacer las cosas, mientras yo ando sin ´fuerzas´ para hacer ná. Sonrió de pura envidia al ver alguien feliz con las cosas sencillas, a los que viven en el campo y se ponen contentos porque están bien de salud, porque andan naciendo mariposas o el perro amaneció juguetón.

Miro con sospechosa envidia a los que dicen qué saben para donde van. A los que dicen que su hijo les cambió la vida. A los que mencionan que ya lo hicieron todo.

No son envidias de odio y de putería de las cuales me llené en mi infancia. Ni las lastimeras y absurdas de la adolescencia. Ahora es una mezcla de queja fugaz, de querer ese algo, esa acción, ese momento, esa actitud y guardarla en el disco duro para algún día pueda ser ese que envidien, pero serlo con toda, con gusto, sin perder la sorpresa ni mucho menos sentirse supremo, solo añorar, lamberse, soñarse con una especie de putería, de lástima, de queja o maldición, que es la envidia, por un auto bonito que pasa, o el trabajo que anda haciendo un conocido, o la inteligencia de tal desconocido, o la espalda libre de nudos y estrés de los deportistas. 

Ahora cada envidia, como cuando veía a los niños comprar Halls o M y M en el pueblo de mi niñez, o cuando un amigo era un líder bacano y todos lo seguíamos ciegamente, o ahora cuando envidio hacer tal cosa por siempre, la trato de hacer posible esa envidia. Que sea real, tangible, una experiencia más de mi vida. Es como un reto. Como excusa para vivir un día más.

Lo que no soy capaz de llevar a cabo, por excesivo o problemático, trato de verlo como paisaje, y obvio, no miro ese paisaje, no entro a revisar cuánto vale el Iphone que envidio, o no voy a los parques a ver “contar plata delante de la gente”, ni me voy a una feria de súper dibujantes para que restrieguen su talento en la cara, ni mucho menos me voy a sitios cooles para querer todos las maricadas que están de moda que bien divertidas y envidiables son.

Por ahí leí que la envidia es el único pecado que uno no disfruta, que el resto de pecados capitales son de gozo, de placer y de excesos. Envidiar es faltarle, es saber que qué chimba leerse todos esos libros, que te haría muy bien ese aparato, o esas palabras, es ver en otros y en otras cosas que de una te gustan, que inmediatamente te hacen  sentir que adentrico recién se ha generado un vacío, como si eso que apenas ves y envidias, te faltase desde hace mucho tiempo. Algo así es la envidia, un vacío inventado, que uno quiere llenar, ya sea con la imaginación o con el esfuerzo real, para uno estar más lleno cada vez más.

Y como decían en el Chavo del 8: “La envidia nunca es buena, mata el alma y la envenena”.

Como vieron, mis envidias son de las buenas, porque mi alma es de las malas. 


*Juan David Escobar más conocido como @ElReticente es más paisa que la bandeja (diría yo)
 y  pueden leerlo en su  Blog

diciembre 04, 2010

LA DIFERENCIA ESTÁ EN EL CASTIGO - Jaime Díaz*




Los pecados tienen forma física y natural, no importa quien los cometa, no importa su origen, no importa su naturaleza, solo se revuelven en un torbellino que se revienta y explota. No hay pecado que venga solo, no hay culpa que no se termine pagando en la tierra. Ojo, en la tierra.
Muchos pecados hay, pero solo uno estalla de la forma mas violenta, solo uno no conoce sexo, ni esencia, solo uno no conoce exclusividad y  basta un revolver y un rayo para llevarlo a cabo.

***


En su desespero, Samuel hace salir a sus hijos del cuarto y con una ira que ha ido conteniendo durante largo tiempo la hace arrodillar, no sabemos lo que dice, no sabemos que le contesta, pero la rabia lo ha consumido, el dolor intenso de la perdida, del desamor, de lo que el creía suyo y ahora se ha perdido, y sin importar en las consecuencias dispara.

Ella cae boca abajo en la cama y como la ira aun no lo abandona, dispara de nuevo.

Entonces llega la calma después de la tormenta, entonces 45 años preso tal vez no sea nada, entonces el suplicio de una eternidad con el Minotauro valga la pena.

En ese momento en que los sentimientos lo abandonan, en que las lagrimas dejan de estar calientes, en el que la sangre se deja de bombear con violencia, llega a pensar que la ira es un pecado de mortales.

Sin embargo, Samuel está equivocado.

***

Rubén es un tipo normal, de esposa e hijos, de trabajo y dedicación, de finca y ganado. Un día recorriendo sus terrenos se desata una tormenta inmensa, la ira de un Dios se revela y los mortales deberían temer.

Pero Rubén, que es un tipo religioso, no le hace caso al cielo y esperando regresar pronto a casa le exige a su caballo apurar el paso, pero entre toneladas de agua y estruendos infernales es alcanzado por un rayo que le castiga la soberbia de no temer a Dios, de creer que la ira existe solo en los corazones de los hombres.

Desfalleciendo entonces entiende que la ira también es un pecado divino, mientras el cielo se despeja y un hermoso arco iris aparece, como si Dios se burlara de que el  hacedor de reglas, no tiene una para él.



Casi que no doy con el nombre de @Turint pero  ahí lo pueden seguir en twitter  y este es su Blog cuyo nombre me evoca tanta felicidad nada más con mencionarlo! 


diciembre 01, 2010

LA PEREZA DE NAVIDAD - Andrés Meza Escallón*





Si hay algo que me dé pereza es la navidad. No porque la odie (creo que lo Grinch se le cura a uno cuando por fin supera la adolescencia), sino porque alrededor de la navidad hay toda una serie de cosas que se supone que uno debe hacer que me dan una pereeeezaaaaaaaaa.

Aclaro que como vivo solo y trabajo en mi casa no puedo darme el lujo de ser perezoso en mi vida diaria. Llevo un régimen de vida espartano: me levanto temprano e inmediatamente hago ejercicio, me baño, arreglo la cama, desayuno y lavo los platos, así, en piloto automático y sin vacilaciones (“THIS IS SPARTAAAA!!!”), porque donde medio lo piense la pereza me gana y no me levanta es nadie.

Sin embargo, cuando llega navidad (que ya no es el 7 de diciembre como en mi infancia sino a finales de septiembre cuando en Caracol ponen la cuña “de año nuevo y navidad, Caracol por sus oyentes formula votos fervientes de paz y prosperidad...”) me va entrando la pereza. Pereza de ir a un centro comercial porque me siento tratado como un pollo. Es decir, ¿han visto cómo manipulan a los pollos en las granjas industriales? Guardan a las gallinas en recintos sin iluminación natural y no les prenden la luz a las 12 horas sino varias horas antes para hacerles creer que amaneció más temprano y hacer que coman más y pongan más huevos por semana. Igualito hacen los comerciantes con nosotros: nos hacen creer que navidad llegó antes para el frenesí de consumo que nos caracterizaba durante esos 20 días de diciembre se extienda durante TRES MESES.

¿Y qué tal las novenas? Son un completo atentado contra las ganas de trabajar porque en todo lado a uno le aplazan las reuniones de seguimiento o levantamiento de información. ¿La razón? Media ciudad anda organizando amigos secretos, novenas u organizando anchetas y no les queda tiempo para atenderlo a uno. ¿Así cómo no luchar contra la pereza de ir a trabajar?

Otra cosa que me da pereza infinita es disfrazarme para visitar la oficina de un cliente (saco, corbata, zapatos, incluso MEDIAS) cuando mis días de trabajo normalmente son más o menos así: pantaloneta, sandalias, camiseta, barba de cuatro días. Pero en navidad da todavía más pereza porque súbitamente a la gente se le empieza a salir el gamín e irse a trabajar en jeans, polo y gafas oscuras y uno siente que la disfrazada para “encajar” se perdió miserablemente.

A eso hay que sumarle que en Cali es tradición trabajar sólo medio día en la semana del 25 al 31 de diciembre (consecuencias de la Feria de Cali). O sea, técnicamente se trabaja medio día, pero en la práctica nadie trabaja porque en la mañana muchos andan enguayabados (y se demoran cuatro horas haciendo lo que usualmente toma 15 minutos) y en la tarde no están los que tienen el dato que uno necesita para hacer su trabajo. De esta forma, a la pereza normal y cotidiana que produce la sola idea de trabajar, en navidad hay que sumarle que incluso queriendo no se puede.

¿Cuándo se cura uno de esa epidemia de pereza? Cuando llega el lunes 3 de enero con las primera cuentas del año y uno cae en cuenta de que JUEPUTA NO ENTREGUÉ EL PROYECTO EN DICIEMBRE ¡¡Y NO ME PAGAAAARON!!



* A  Andrés lo pueden leer en su Blog
  y como 
@ApoloDuvalis en twitter


 
 
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